Un Domingo de Novela. ¡Al abordaje! La canción del pirata. Antología poética. José de Espronceda. 04-11-2018.

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Un Domingo de Novela.

¡Al abordaje!
La canción del pirata. Antología poética. José de Espronceda.
04-11-2018.

Acabo de levantarme, temprano, y mientras espero que se caliente el agua para unos mates, recorro el living, sin ningún motivo, ni búsqueda, cuando lo veo: Un libro de poesía de Espronceda donde tiene Canción del pirata, y dije: puedo hablar de él este domingo de novela. Es una pequeña antología de Espronceda, que llevo apilada junto a la sirena varada de Casona, mis dos libros de poesía editados en papel, un diccionario y un libro de sinónimos que ya no uso, pero están, junto al escritorio donde escribo.
Me sucedió con Expronceda, como lo que me sucede con muchas otras cosas, pongamos por caso este. Escuche hace tiempo que Joaquín Sabina recitaba los estos versos,
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;

Y me parecieron maravillosos, y al buscarlos veo que es de Espronceda, lo mismo me sucedió con la sirena varada, que luego tuve que leer toda la obra del genial Casona.
Y bueno, habla de la vida, del valor de la libertad, y yo pienso en horizontes, y puertos, y mareas y tormentas.
Les dejo el poema completo y un soneto mio de libre interpretación.

Canción del pirata
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;
—«Navega velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

»Veinte presas
hemos hecho
a despecho,
del inglés,

»y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
»Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

»Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,

»que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
»A la voz de ¡barco viene!
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

»En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:

»sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
»¡Sentenciado estoy a muerte!;
yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena
quizá en su propio navío.

»Y si caigo
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,

»cuando el yugo
de un esclavo
como un bravo
sacudí.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
»Son mi música mejor
aquilones
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

»Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,

»yo me duermo
sosegado
arrullado
por el mar.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar».

VOY TRAS LA ESTELA AÑIL DE LA LUNA
(A CUALQUIER COSA LLAMAN POETA)

Mi barca tras los cantos de sirena,
Me llaman encantadas, polizonte.
Que no hay oleaje ni su horizonte,
Ni sueños como castillos de arena.

¡Ahí viene el Capitán en su Afronte!
Gritan con algarabía desde la colmena.
Beso los labios que me confronte,
Los puertos en noches de verbena.

Mi barca capea mareas y tormentas,
Voy tras la estela añil de la luna.
Llevo espuma y sal en el paladar.

Hazañas más de las que cuentas,
Y digo al despedirme de alguna,
Que no hay monte como el mar.

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