-Incluso la maleza tiene
sus límites- empezó a decirle Matías a Sofía-. En la naturaleza silvestre, y
en las praderas, puede crecer libre, lozana y fresca, pero los bosques tiene
sus leyes, como los de la selva, debes obedecer a los vientos, guarecerte de
los lobos. En la gran ciudad, podes seguir siendo maleza, pero tendrás que
adaptarte al asfalto, las paredes, creciendo bajo las estrictas leyes de la
urbanidad. Horarios y rutinas- Matías miro el rostro apesadumbrado de Sofía,
dudo un segundo, luego siguió-. Ves esa maceta, esa planta nos recuerda, que
hay un bosque detrás de esos edificios. Como tu rostro me recuerda que no hay
jornada laboral que sea inhumana si lo encuentro todas las noches a mi lado.
Sofía miró a Matías, en
parte entre risueña por la cursilería que había dicho, y en parte halagada, y
soltó.
-¿Todo este preámbulo,
para halagarme?
-¿Y que querías de un
poeta?


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