A las musas no se le piden disculpas.

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Parecerán señales de  descontrolado,
Me encontrarás mirando del otro lado,
Somos quienes queremos querer ser,
envueltos en un traje de oficina.
Somos, creo si quieres lo puedes ver,
como el deseo que dobla las esquinas.
Sabes que me embelesan las llamas,
Y si escribo entre versos y camas.
A las musas no se le piden disculpas,
A la blusa te la sacás sin culpa,
deja que entre mis versos te esculpa.

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