Yo seguiré aquí escribiendo

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Se sentía muy deprimida, pero eso era lo de menos, siempre que Gastón estuviese a su lado y le escribiera algunos versos de aliento la cosa cambiaba de repente, los ojos de María se iluminaban.

Gastón podía quedarse a escribir durante horas con el solo hecho de darle la ilusión a María.

-Cuando el cielo se ponga negro y no encuentres las llaves de tu casa-decía Gastón- yo te contaré el cuento que contaba, yo seguiré aquí escribiéndote.

María estaba deprimida porque le faltaba el trabajo, porque se le había muerto el abuelo, y porque se estaba haciendo vieja. La vida se le iba y no tenía una pareja estable ni hijos que criar. Claro está que lo tenía a Gastón pero él era más amigo que amante, el último tiempo casi ni se besaban, y Gastón la respetaba en todo su dolor.

Pero María antes de caer en la depresión era muy jovial y muy resuelta y eso era lo que había atraído a Gastón. Él añoraba los días de júbilo y alegría de María.

-Dime que sigues con tus trucos, que sigues mirando con ojos de truana- decía Gastón.

Porque María tenía una particularidad te distraía con sus trucos, con su mar y su teatro y sin querer te estaba besando y eso lo enardecía.  Pensar que el escribía para estar a dos palabras de su boca. En su tiempo era pronunciar dos palabras en verso para estar en los labios de María.

Lo que quería Gastón era que María volviera a la fantasía que tenía antes de la depresión, y eso quería lograr en sus versos. Convertir sus labios en fresa, derretirle la luna y trocársela en queso. 

Además Gastón quería que María volviera a ser su musa inspiradora:

Ponte tu blusa azul, ven de prisa no olvides tu risa, que yo seguiré aquí escribiendo

 

 

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