Tengo que confesarlo desde que la vi sucede que quede
enredado en sus cabellos, como describirlo: madeja de rulos con centellas. Y
peor aun cuando la escuche, quede atrapado en sus palabras, que me fueron
llevando hasta su boca.
Sucede que estoy entre sus labios y la pared, acorralado, y
yo que tengo ínfulas de poeta y que lo escribo todo, esto me ha hecho olvidar
hasta la pluma y el papel. Temía ya no puedo escribir un solo verso, mis
pensamientos se iban tras la muchachita de rulos.
Pero ya no hay más noches solitarias, sucede que naufrague
por mil noches sin besos hasta encallar en el muelle de su escote.
Sucede que somos dos soledades en una sola, y cada vez queda
más lejos nuestros pasado, un pasado de tristeza y melancolía
Sucede que desde que la conocí pongo todo mi amor en los
poemas, mi boca se desangra en palabras, y las musas alegras vienen a visitarme
y yo ni lerdo ni perezoso voy a besarles la boca a todas ellas.
Sucede que fui salvado por mis versos, por eso no dejare la
pluma en el tintero, no voy a claudicar de mi vocación de poeta. Sucede que
tengo un par de versos para darle, mil poemas de amor bajo la manga, y un
doremi para cantarle.
Sucede que nos besamos con locura, y somos como un duelo de
lenguas, únicamente en tregua cuando estamos besando.
Sucede que quizás ella no sea mi musa y yo tampoco su poeta,
pero nos queremos.


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