Sofía y Matías se querían con locura basta que juntaran dos
palabras de uno con dos palabras del otro que se dijeran solamente unas frases
para formar un mundo entre los dos. Se complementaban, ella habitaba los mundos
que inventaba él y al él le fascinaba los modos de ser de ella con lo cual se
mimetizaban el uno con el otro.
Se besaban con locura pasaban de las frases que estorbaban
sus besos, y juntaban sus labios entre ellos. Apartaban el hola, el hasta
luego, los ayeres y mañanas, la ley y la rutina, los acentos y las comas, los
horarios de oficina y la mesa de café que se les ofrecía de muralla y unían sus
labios. Blandían el estandarte del aquí y el ahora, y no dejaban nada para el
después, tan solo se veían y se les encendía la excitación
Pero tanto amor y tantos besos les fue produciendo un efecto
anestésico, se comenzaron a separar de todo lo que les resultaba cotidiano,
llegaban tarde a la oficina y sus escenas impúdicas en público llegaron a
aborrecer a sus compañeros. Trabajaban los dos en una fábrica y tantos besos
era repulsivo, hasta el solo roce de sus miradas avivaba el deseo.
Los compañeros llegaron a descubrirlos detrás de las paredes
besándose pero no fue hasta que el encargado de turno los sorprendió en el baño
a vivos bufidos y amándose descarnadamente, en un impulso venéreo.
-Quedan suspendidos por una semana-les advirtió el
encargado- y además tengan cuidado tanto amor puede matarlos.
-No se preocupe- dijeron- el amor nos salvará hasta de la
muerte- y casi con un portazo salieron de la sala.
Eso les valió una suspensión pero de todas formas no pudo
terminar con el apetito y la afición que se tenían.
Casi no salían de sus casas prosperándose tanta pasión, que
hasta empezaron a descuidar a sus amigos, no atendían las llamadas ni el timbre
abrigados como estaban en un frenesí sin precedentes. Se amaban mientras se duchaban, antes y
después de comer, al hacer la comida, en el living y hasta en el balcón lo que
produjo que el conserje casi los eche por malos hábitos y alaridos reiterados.
Se anhelaban con vehemencia tanto que los celos terminaron
matando el amor.


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