Me llaman el
seductor de las musas por mi habilidad para cautivar a las musas en el difícil
arte de la composición y la poesía.
Porque hay que aclarar que antes que nada soy poeta y luego éxito,
porque para mí es una satisfacción poner en palabras lo que de bello tiene la
vida. Poeta se hace uno a base de atraer a las musas para que te inspiren en el
próximo verso que vas a escribir. Me desangro en palabras y no hago otra cosa
que desparramar tinta del tintero por los papeles o tipiar en mi ordenador muy
entradas las horas de la noche y sin descansar hasta llegar al verso sublime,
con el que haga deleitar a las damas, porque a decir verdad el juego es doble:
con mis versos seduzco a las damas y por el otro lado ellas me dan la
inspiración que necesito para seguir escribiendo.
Así es que
me lance a la calle a la caza de las musas, a oír por ahí lo que decía la
gente, a relacionarme con alguna dama, y lo que encontré fue que de entrada me
cruce con la vecina del 4b que me dijo que hacía tiempo que no iba a su casa a
tomar unos mates, esto de los mates era un eufemismo porque siempre
terminábamos revolcándonos en su cama cada vez que íbamos a tomar mate. Y era
verdad hacía tiempo que no tomaba mates con Sofía así que le dijo que si, como
para salvar la cuestión, que uno de estos días arreglarían he iría. Lo que más
me gustaba de Sofía eran sus conversaciones que le dictaban unos cuantos
tópicos para poner en sus poemas, unas conversaciones que te llevaban a otros
mundos, mundos de ensueños y fantasías.
Bueno en fin
que salí a la calle y me metí en el café Guarjol de la esquina donde tenían
colgado en uno de los rincones el Café Terrace de Picasso y en el otro El Grito
de Munch, y pensé que para quedar inspirado uno tiene que sumergirse en los
grandes ya sea de la literatura o de la pintura y por lo menos habitar en el
Café de Picasso o gritar bien alto con Munch, claro está que también es
necesario muchas veces deshabitar esos lugares estar a siente lenguas de los
labios de la multitud para encontrar tu propia voz.
Le pedí un
cortado a el turco saque mi cuaderno de notas y espere a que el soplo de las
musas viniera a auxiliarme quízas en alguna conversación de las mesas
circundantes o imaginando que harían las personas y a que se dedicarían, porque
claro esta las musas pueden ser una buena conversación, alguno transeúnte que
pase, alguna dama. Por lo pronto empezó a escribir todo lo que se le viniera a
la cabeza sobre las musas:
Las musas residen
en el monte parnaso y hay que ir a buscarlas sin exceso de equipaje, es decir
sin ideas preconcebidas, hay que ir, por así decirlo, sin pensamientos en la
cabeza, y dejar que del interior de uno, y del exterior de la sociedad surja la
inspiración para componer. Hay que introducirse en la multitud para sacar su
provecho y distanciarse para encontrarte con tu voz interior. En eso de la mesa
de en frente una señorita que estaba observando lo interrumpió- perdóneme que
lo interrumpa, pero me mato la curiosidad, que escribe?
Yo primero
la relogie de arriba abajo y me di
cuenta que la mina estaba buena así que le seguí el rollo.
-Bueno mira
soy poeta y estoy escribiendo un tratado sobre las musas.
- no me
diga- contesto- yo también escribo
- pues bien
sabrás entonces que los poeta somos el refugios de las musas, ellas se anidan
en corazones sensibles como nosotros. Y que además somos el verso que besa,
porque en cada poema está el beso que apaña a las personas que nos leen, bueno
en fin, y vos que escribís- le pregunte
-Y mira más
que nada cuentos, cuentos de amor sobre parejas. De casos de la vida real hecha
ficción.
Yo que en esto no me ando con vueltas y viendo
que la mina me gustaba le dije- bueno mira déjame tu Facebook y así podemos
contactarnos y cambiar opiniones y cuentos.
-dale me
gustaría- me dijo anota- Margarita Estoesel.
Bueno como
contarles que desde ese día Margarita paso a ser parte de mis musas.


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