Hay que rescatar un par de cuestiones que hacen que El Principito sea un libro excelente y tal leído.
Primero tiene la cualidad de ser un libro dedicado para los niños, para vanagloriar el país de la niñez, lejos del mundo viciado de los adultos. Inclusive su autor Antoine de Saint-Exupéry, dedica su libro a un amigo suyo convaleciente, pero cuando era niño.
Otro hito importante de El Principito es el de otorgar a las personas un carácter único, personal e irrepetible. Cuando se encuentra con el lobo, este le cuenta que el enamoramiento es un proceso de acostumbramiento de las cualidades que cada uno tiene para con el otro, y uno va amando esas cualidades. Por eso lo esencial es invisible a los ojos, vas amando las particularidades de la persona día a día. Y cuando se encuentra el principito con un jardín de rosas y ellas le dicen que son iguales a su rosa, el zorro le vuelve a decir que no es así, por que a su rosa la ha cuidado y sabe de sus particularidades que la hace única y especial.
Por eso tomemos el ejemplo de El Principito y hagamos de cada lugar y de cada persona un momento único e irrepetible. Aboguemos a favor de la particularidad contra lo universal, y también a favor de la diferencia.
Hasta la próxima entrega,
Gasty
Para volver a ser chiquititos hay que leer El Principito.
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