Hay ratos en los que te atrapa la musa inspiradora, en esos momentos de entusiasmo entramos en un estado bello que nos hace producir belleza, alcanzada por el grado de talento y sensibilidad del poeta, las figuras retóricas el conocimiento intuitivo o el momento oportuno donde la frase sea como fuese surge y queda bien. Ese momento de inspiración viene dado muchas veces por las ideas o sentimientos infundados o dados por alguna persona o cosa que halla sucedido.
Los modos de escritura son diversos:
Hay veces que hace falta esperar agazapado, pluma en mano a que algún acontecimiento te venga a dar la inspiración necesaria para escribir, a veces puede ser esperar que el viento me traiga una palabra, que tus labios me dibujen una mueca, rimar con un micro que pasaba, besar un par de bocas almidonadas.
Escribir inspirándome en todo lo que pasaba, en todo lo que se decían, en todo lo que leía. Me inscribí en un coro de bocazas.
Y me aislé en los fríos libros académicos, en lo que pensaba que era sublime en las gélidas palabras de algún salón. Muchas veces un beso vale más que todo un tratado sobre el amor.
Cuando en realidad lo que buscaba estaba en un par de palabras en un gesto. En tan solo una mirada de soslayo, fugaz, que despierte mi imaginación.
Entonces mediante un gesto de las musas comienza a delirar mi pluma de escritor hasta hacerla sudar kilómetros de tinta sobre el papel, y en lo escrito pretendo hacer suspirar a los que me lean. Nos seducen algunas musas y a su vez somos la musa de inspiración de otras personas. Así que mírame de costado, no ves que necesito inspiración ¿Vos a qué musa te quieres parecer?
Al final comprendí que debía juntar todo esto: mis ideas, lo que vi, lo que oí, mis comas los acentos y soplarlo, con mi aliento interior, para que se formara mi poema.
Musa de alquiler.
Bese una boca almidonada
Pasa, mírame y no digas nada
No ves que necesito inspiración
¿A que musa te quieres parecer?
Esperé del viento una palabra,
De tus labios una mueca
Rimé con un micro que pasaba
De Clío quedaron estos versos.
Me aturdí en un coro de bocazas
Anduve por un frío académico.
Probé con una Musa de alquiler.
Junté tres puntos y una coma
Soplé sobre el acento y las palabras
Y se formó mi poesía.
El seductor de las musas. Capítulo 15: Musa de Alquiler.
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