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No podía quedarse callado, en el silencio se escuchaba el eco de su voz, y lo que era peor de la voz de ella, por ello se aturdía con alcohol y cigarrillos.
Se despertó con el latido de las sienes que le estaban por estallar, y recordó la noche anterior: una noche de boliches y puterios donde no faltaban desde putas hasta el alcohol, pasando por toda suerte de acciones desenfrenadas.
Se sintió cansado, de la noche anterior y de la vida que llevaba: una vida de salidas nocturnas y frecuentando esos garitos de putas y boliches donde reinaba el caos, tugurios abiertos todos atestados de humo con borrachos por doquier y una música estridente que te reventaba los oídos. Quien pudiera tener una charla sincera y cuerda entre ese gentío.
Era domingo por lo que no tenia que levantarse temprano para ir al trabajo, y lo primero que pensó fue desintoxicarse de tantos bares y copas donde cada vez se encontraba más solo. Y no pensó en cosa mejor para su rehabilitación que refugiarse el libro que le había regalado su amiga María. Es bueno contra la soledad- le había dicho.
Pero a medida que leía se iba acordando cada vez mas de ella, los enamorados de la novela le rememoraban a su amor pasado con Sofía.
Es que Sofia lo era todo: su bebida, su droga, su historia de amor, hasta su puta, con ella no necesitaba nada mas. Pero desde que se fue podía probar con todo tipo de adicción pero nada como el peso de los labios de Sofía.

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